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Durmiendo con Buda
david hernández
Jun 30, 2021
Location: Vang Vieng
11 de Marzo, 2015

Otra cosa no, pero tiempo para pensar me sobra. Y así pues, pensando, el otro día vi que la libertad de la que gozo solo se ve restringida por las propias limitaciones que el inconsciente - o vete tú a saber qué - me impone. Me di cuenta repentinamente de que sin quererlo y aun disponiendo de suficiente tiempo (suficiente hasta donde marque el presupuesto) voy con prisa sin saber porqué. Supongo que necesito un ancla que me ayude a fondear en el presente y disfrutar del momento ¿Y quién no?

Como el otro día, cuando las circunstancias hicieron que durmiera en un templo budista.

Llegué a Vang Vieng con otras dos chicas con las que había coincidido en la carretera. Vang Vieng, si leéis un poco en internet, es una ciudad del norte de Laos: paraíso de fiesta, alcohol y tubing para los jóvenes mochileros que vienen al sudeste asiático en busca de todo ello. Yo llegué aquí por la inercia del viaje, ya que en realidad me olía que no me iba a gustar ni un pelo. Y efectivamente las sensaciones se hicieron realidad: llegar aquí fue un proceso de crecimiento prolongado de la ira (por los borrachos y la antipatía de la gente local, imagino que lógicamente provocada por los primeros).

Después de una búsqueda de alojamiento de tres horas en la que todos y cada uno de los hostales en los que preguntamos estaban completos, acabamos pidiendo refugio en un templo budista de la ciudad. Y en ese momento lo vi como un alivio y nada más. Alivio de tener un techo que nos protegiera de un cielo iluminado por relámpagos lejanos y amenazas de tormenta.

Y sin embargo, estaba ahí - solo hacía falta pararse a pensar un momento - pasando la noche sobre una manta y un cojín en el suelo, bajo un precioso techo pintado de coloridos mandalas, rodeado de budas dorados y hablando o tratando de hablar con monjes laosianos que nos ofrecieron su hospitalidad.

A las cuatro de la mañana un gong nos despertó y al rato los monjes se reunieron en un templito pequeño adyacente y se pusieron a rezar, cantando, durante aproximadamente una hora. Una hora que pasé ya despierto - o en algún lugar entre el sueño y la realidad - escuchando esos cantos melodiosos destinados a Buda. Y en ese momento, aunque no por completo, me di cuenta de que estaba viviendo una experiencia que sería difícil repetir.

Al día siguiente, ya completamente despierto, deseé repetirlo y dormir en más templos, y conocer más a fondo el contexto y el entorno del día a día local de todo esto que estoy viviendo.

Hoy estoy en Vientiane, capital del país, echando de menos el norte de Laos pero con ganas de Sur. Aunque si bien es cierto, ahora mismo la humedad y el calor agarrotan las ideas y el cuerpo y solo apetece cerveza fresca, unos grillos fritos y un poco de sombra.  
March 11, 2015
 
During this trip I am having enough spare time to think. And doing so, I realized that the freedom I enjoy nowadays is only constrained by the limitations that my ownunconscious - or who knows what - creates. I suddenly realized that unwittingly and even having enough time (at least until the budget runs out) I was in a meaningless hurry. I guess I need an anchor to help me stay in the present and enjoy the moment. And who doesn’t? 

As when the other day circumstances made me sleep in a buddhist temple. 

I arrived in Vang Vieng with two other girls I have met before on the road. Van Vieng if you check out a little bit on the internet is a party, alcohol and tubing paradise for young backpackers who come to Southeast Asia in search for it. I got here just by the inertia of my trip as previously I had thought I would not like it. And indeed my feelings came true: reaching Vang Vieng was a process of prolonged growth of anger (by drunk and unfriendly local people, I guess the second logically caused by the first one).

After three hours looking for accommodation and not finding any place available, we ended up asking for shelter in a Buddhist temple in the city. And then I just saw it as a relief, having a roof over our heads for that threatening night of lightning and thunder. 

And yet I was there - just needed to think it for a moment  - spending the night on a blanket and a cushion on the floor under a beautiful ceiling painted with colorful mandalas, surrounded by golden Buddhas, talking or trying to talk to Laotian monks who offered us their hospitality, 

At four o’clock in the morning a gong awakened us and then the monks gathered in a small adjacent temple and started to pray and sing for around one hour. An hour during which I was awake - or somewhere between dreams and reality - listening to those melodious songs to Buddha. And then, in that precise moment, although not completely I realized I was living a unique experience that would be difficult to repeat.

The next day, now fully awake, I whised to repeat it and sleep in more temples and learn more about the context and environment of the local life that surrounds me. 

Now I am in Vientiane, the capital of the country, already missing the North of Laos and heading to the south tonight. Anyway, this wet and hot weather seize up my ideas and my body and right now I just want a cold beer, some fried crickets and chill out in the shade under a tree.

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